Al día con la economía

Una de las víctimas ignoradas de la crisis financiera

30 Jul 2012 0 comentarios

La crisis financiera que se ha desatado a escala mundial a raíz de la propagación de préstamos sub-óptimos del mercado de vivienda norteamericano, ha concentrado la atención en sus consecuencias más visibles: en sus costos y en las maneras de atenderla. Todavía queda mucho por decir y por analizar para poder comprender bien cuáles fueron las circunstancias que dieron lugar a que el reventón de una burbuja de precios en el mercado inmobiliario se convirtiera en una pesadilla para los principales banqueros centrales del mundo entero.

Una de las víctimas de esta crisis, que no ha merecido tanta atención y que hasta es probable hubiera pasado inadvertida que para muchos, es el sistema de evaluación de riesgos que comporta el nuevo Acuerdo de Capitales de Basilea, más conocido como Basilea II. Uno de los objetivos de este nuevo Acuerdo fue precisamente introducir mejoras en la calificación de riesgos de los préstamos bancarios, incorporando en el análisis los riesgos de mercado y operativos de cada crédito, recurriendo a métodos estadísticos y econométricos muy sofisticados. Basilea II impulsó también un mayor énfasis en la autoregulación, dejando que los bancos más grandes, conocedores privilegiados de sus clientes y de los mercados en los que operan, desarrollen sus propios sistemas de cómputo de estos riesgos, para así tener una mejor cuantificación del capital que un banco debería tener para encarar sus operaciones con normalidad, es decir, con la cobertura suficiente para atender la materialización de los riesgos inherentes a su cartera. Pues bien, antes de que Basilea II hubiera comenzado a funcionar plenamente –estaba prevista para este año su plena vigencia- se ha presentado la crisis de los créditos inmobiliarios norteamericanos dejando al descubierto serias deficiencias del mencionado acuerdo, que deben merecer una atención adecuada. No se trata de que el sistema hubiera demostrado ser absolutamente inútil después de esta crisis, sino más bien, de que necesita serias modificaciones y complementaciones para que se constituya en una verdadera herramienta para administrar riesgos y determinar capitales que respalden esos riesgos.

A principios de este año, dos académicos de reconocido prestigio, Harald Benink y George Kaufman, en un artículo publicado en el Financial Times, han sugerido que se detenga la aplicación del nuevo acuerdo hasta que se haga una evaluación de los posibles impactos de su aplicación. La razón es muy sencilla, hasta ahora, los estudios sobre su puesta en vigencia han detectado que los principales bancos del planeta reducirían su capital para adecuarse a la norma, algo que contradice el espíritu con el que ésta fue diseñado. Han sugerido también algunas líneas de acción para asegurar un adecuado respaldo a los riesgos que asumen los bancos. Más recientemente, el ex Presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, en el mismo Financial Times, ha señalado que por más sofisticados que sean los modelos de anticipación de riesgos, éstos nunca estarán en condiciones de incorporar todas las variables y sus interrelaciones en el mundo real de la economía y ha sugerido también que de esta crisis, se deberían extraer lecciones para mejorar Basilea II.

La agenda para encarar medidas que eviten crisis como las que hoy en día vive el sistema financiero internacional no se agota en la coordinación ni en los métodos y criterios con los que se regula y supervisa el sistema financiero. El sector privado debe mejorar también muchas de sus propias prácticas si es que se quiere evitar que casos como los de los préstamos substándar erosionen la confianza en las bondades del mercado. Por ejemplo, las agencias calificadoras de riesgo, cuya responsabilidad en informar de los riesgos sobre esta crisis es aun mayor a la de los incipientes sistemas previstos en Basilea II, también tienen una responsabilidad en todo lo sucedido y en lo que puede venir hacia adelante. Aun no han comenzado las evaluaciones comprehensivas de todo lo sucedido y por lo tanto todavía es temprano para saber todos los cambios que esta crisis traerá a la regulación prudencial de la intermediación del dinero.

Ranking del Comercio Mundial

30 Jul 2012 0 comentarios

La Organización Mundial del Comercio acaba de publicar las Estadísticas del Comercio Internacional 2007, en la que se ofrece la más completa información del comercio de mercancías y servicios correspondiente a la gestión 2006. Entre los datos publicados aparece el ranking de los 50 países más importantes en materia de comercio. Estos concentran el 93% de las exportaciones e importaciones de mercancías del mundo. En la tabla adjunta a esta nota, se presenta la lista de los primeros 15 países de este ranking. Estos realizan cerca del 70% del comercio mundial. Es interesante notar que entre estos primeros 15 países aparece tan solo uno de América Latina (México). Si extendemos la búsqueda de países latinoamericanos entre las 50 naciones incluidas en el ranking que publica la OMC, veremos que son 5 los que logran tener una presencia notoria en los flujos de comercio mundial. Además de México se encuentran Argentina, Brasil, Chile y Venezuela (mencionados acá en orden alfabético). Entre los cinco suman un total de exportaciones que equivale al 4.6% del total, un porcentaje algo superior al que ostenta Francia, que ocupa el quinto lugar entre los exportadores más importantes; mientras que en lo que a importaciones se refiere, estas cinco naciones latinoamericanas totalizan un valor que representa el 3.8% del total, casi como Italia, que ocupa el séptimo lugar en el ranking.

Pero si consideramos el crecimiento que han mostrado los flujos de comercio, hay dos latinoamericanos que ocupan los primeros lugares. Chile ostenta un crecimiento de sus exportaciones del 41% con relación al año anterior y se ubica como el segundo país, después de Kazakstán, entre los que más han crecido. Por su parte Venezuela ocupa el primer lugar entre las naciones que han tenido el mayor crecimiento en sus importaciones. Las importaciones venezolanas aumentaron en un 40% con relación al año anterior y supera abundantemente el crecimiento del país que le sigue en este orden. Estas cifras de crecimiento hay que valorarlas teniendo en cuenta que, en promedio, el comercio mundial de mercancías ha crecido en un 15% durante el año 2006.

El precio de la gasolina

30 Jul 2012 0 comentarios

Las noticias desde los Estados Unidos dan cuenta de un record histórico en el precio de la gasolina justo ahora que se avecina la temporada alta de verano, cuando los ciudadanos de ese país hacen uso más intensivo de sus vehículos. Esta semana, el precio del galón se ha cotizado en promedio en US$ 3.4 (US$ 0.9 por litro), en parte por el incremento que ha experimentado el precio del petróleo a causa de una conjunción de circunstancias entre las que destacan las tensiones entre EE UU e Irán, pero también la ola de paros y violencia en Nigeria, importante productor de petróleo. Sin embargo, este nivel de precios, que espanta a los norteamericanos, no tiene relación con los US$ 6 por galón (ver gráfico) que estoicamente pagan los europeos desde hace varios meses atrás. La estructura de precios en estos mercados es muy diferente, tanto por el peso de los impuestos como por los costos de refinación y de comercialización. Sin embargo, las alzas no se limitan a los países consumidores. En el mismísimo Irán, su gobierno ha dispuesto un incremento del 25% en el precio de la gasolina. Ahora un litro se vende en US$ 1.44, más caro que en los EE UU, salvando distorsiones en los mercados cambiarios.
La mayoría de los analistas anticipan que los precios altos de la gasolina prevalecerán a lo largo de todo el verano en el hemisferio norte, porque no solamente se verán presionados por la elevación del precio del crudo (en el mercado norteamericano, la mitad del precio de la gasolina está constituida por el precio del petróleo, el restante 50% lo hacen los costos de refinación, impuestos, comercialización y utilidades), sino porque la las refinerías están trabajando a plena capacidad y no se han hecho las inversiones necesarias como para esperar que, en el corto plazo, nuevas refinerías sean puestas en operación.

El Reto de la Productividad para América Latina

30 Jul 2012 0 comentarios

Ahora, cuando lentamente comienza a enfriarse el crecimiento latinoamericano, es bueno plantearse la cuestión del crecimiento de largo plazo en la región. Está claro que no es posible pensar en un crecimiento económico sostenido si es que éste ha de venir solamente del auge en los precios internacionales de las materias primas o en el incremento de la cantidad demandada de esas materias primas. Ésa fórmula es la principal responsable de que el crecimiento en la región hubiera sido tan volátil y de que hubiera dejado tan poco para beneficio de sus pueblos. La vulnerabilidad externa de la región no es una novedad. A lo largo de los años, son ya variadas las crisis latinoamericanas gatilladas por condiciones externas extremadamente desfavorables. A la luz de esas experiencias, toda una escuela de pensamiento, la de la dependencia, ha tenido en Latinoamérica a sus más connotados mentores y ha impulsado más de dos décadas de políticas proteccionistas, sin que se hubiera logrado revertir la vulnerabilidad externa y la dependencia. Una oleada de reformas semiliberales tampoco ha logrado impulsar un desarrollo sostenido, con la sola excepción de Chile.

Más allá de toda retórica, un hecho aparece como una constante en la explicación del rezago regional: es la escasa o ninguna mejora en la productividad de los factores que intervienen en la generación de riqueza en las naciones de la región. Un reciente documento del FMI[1] muestra el rezago al que la región se ha confinado. El gráfico que acompaña esta nota, tomado justamente de este informe, es elocuente en demostrar que en los últimos 35 años América Latina ha tenido un desempeño más pobre que el resto del mundo desarrollado y emergente. En los 20 años transcurridos entre 1970 y 1989, la productividad factorial no solo que no ha aumentado sino que ha disminuido en toda la región, mientras que, por ejemplo, las naciones del Asia, han experimentado un crecimiento promedio anual del 1% en todo ése período. Para los años más recientes, el período 1990 – 2005, las cosas han mejorado en América Latina. El crecimiento de la productividad de factores ha sido del 0.8% anual (menos de 1%), pero al menos ha tenido una mejoría casi uniforme en todos los países del subcontinente. El único detalle es que, en ése mismo período, las economías del Asia emergente han visto subir la productividad total de sus factores de producción en un 3% anual, es decir más del triple de lo que sucede con América Latina.

La implicación de este rezago es dramática. La ilustra también el informe del FMI que comentamos. A las tasas de crecimiento de la productividad de factores observada en América Latina en los últimos quince años, se necesitaría que la región sostenga niveles de inversión cercanos al 50% del PIB (es decir, una cifra que casi triplica los valores actuales) para duplicar el ingreso per cápita de su población en 20 años. Visto el problema de otro modo, el trabajo necesario para duplicar el ingreso por habitante en 20 años, con los niveles actuales de inversión, debería conducirnos a alcanzar niveles de productividad similares a los que se observan hoy en día en el Asia emergente. Se trata indudablemente de una meta humanamente alcanzable, pero que no vendrá de las fuerzas de la naturaleza sino de cambios profundos que la región debe encarar en sus estructuras económicas y que, por cierto, no son los que propugna la nueva ola populista.

El FMI y el BM: dos hermanas en pos de una entente

30 Jul 2012 0 comentarios

A fines de marzo del 2006, el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Presidente del Banco Mundial (BM) anunciaron el establecimiento de un comité para revisar la efectividad en la colaboración entre las entidades que ambos presiden. Esta decisión, originalmente prevista para el 2007, fue adelantada en un año. Seis personalidades que no son parte del personal de ambas instituciones, pero que en el pasado estuvieron vinculadas a ellas, fueron invitadas a conformar este comité, ahora conocido por su Presidente, el ex Ministro de Hacienda del Brasil, Pedro Malán. Junto a él trabajaron Michael Callaghan, Director Ejecutivo del Grupo de Análisis de Ingresos en el Tesoro Australiano; Caio Koch-Weser, Vicepresidente del Deutsche Bank; William McDonough, Vicepresidente de Merrill Lynch y ex-Presidente de la Reserva Federal de Nueva York; Sri Mulyani Indrawati, Ministro de Hacienda de Indonesia; y Ngozi Okonjo-Iweala, Ministro de Hacienda de Nigeria. Su informe final ha sido entregado hace poco, faltando un mes para que el Comité hubiera cumplido un año de trabajo.

En 1944, cuando el FMI y el BM fueron creados, se suponía que el mandato de ambas instituciones y, por cierto, las circunstancias de su creación, serían suficiente guía para orientar su actividad en forma coordinada. Con el correr de los años esto no ha sido así. En 1989, ambas entidades, probablemente imbuidas por algún espíritu de grandiosidad y combate, firmaron un Concordato de Colaboración que la mayoría de las personas que lo ha estudiado dice que es suficientemente ambiguo como para no haber servido de mucho. El Informe Malán sugiere dejarlo como está, para la historia, y más bien propone encarar la elaboración de una especie de entente de colaboración futura. Más allá de los nombres, se sugiere encarar los desafíos de estas dos entidades con nuevas ideas y amplia participación de los actores principales en ambas instituciones.

El Informe Malán aborda la cuestión principal de la poca colaboración y coordinación entre estas dos instituciones hermanas: se percibe un conflicto entre las políticas que promueven la estabilidad macroeconómica y aquellas que persiguen el crecimiento de largo plazo. El Informe sugiere olvidar ese conflicto y, consecuentemente, se queda corto en las sugerencias para reconciliarlo. La mayoría de las recomendaciones del Comité son de carácter procedimental, en gran medida invitando a una división ordenada del trabajo. Este enfoque ha hecho perder de vista la cuestión principal de la tensión entre ambas entidades. Con la sola excepción de las sugerencias de orden institucional – muchas de ellas bastante discutibles, como aquella que sugiere un solo Directorio para ambas entidades – las demás recomendaciones no parecen prometer mejores resultados que los observados hasta ahora. Tal vez pudieron adentrarse más a fondo en el análisis de las funciones que cada una de estas entidades debe cumplir en un mundo que ha cambiado mucho desde que el FMI y el BM fueron creados. Han cambiado los actores, sus pesos específicos, los objetivos que los movilizan; y, estas dos entidades han crecido en actividades al punto que algunas de ellas les plantean verdaderos conflictos de interés. El Informe Malán concluye recomendando hacer un seguimiento a los temas que en él se tratan. Ojalá que este seguimiento contribuya a reforzar las ideas que, desde otros ámbitos de estas mismas entidades, vienen sugiriendo su adecuación a los tiempos que corren.