Al día con la economía

¿Podrá China movilizar a la economía mundial?

30 Jul 2012 0 comentarios
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Existen motivos más que suficientes para estar preocupados por la salud de la economía mundial: Europa parece estar cada vez más cerca de una segunda zambullida en la recesión; la recuperación de la economía de los Estados Unidos es anémica; y, Japón apenas comienza a salir de una prolongada depresión. Todas estas economías representan el 42% del Producto Interno Bruto Mundial.

Las miradas se han volcado particularmente sobre China en la esperanza de que sea este país-continente el que pueda dinamizar al mundo. Pero esta posibilidad no es tan simple como parece. En primer lugar, comenzando por lo más elemental, porque el porte de la economía China es ligeramente superior al 11% del PIB mundial y a partir de él es muy difícil compensar la pérdida de dinamismo de una porción del mundo mucho más grande.

Hasta antes de la crisis de 2008 se pensaba en China e inmediatamente se asociaba su nombre al de Brasil, India y Rusia para configurar un cuarteto de rápida influencia en la economía mundial. Pero esto ya no es más posible. Rusia cayó en una crisis de grandes proporciones que tendrá secuelas de larga duración; para efectos de la recuperación económica mundial no cuenta por el momento. Brasil e India, cuyas economías en conjunto no llegan al 8% del PIB mundial, están mostrando signos de recalentamiento, con riesgos de inflación y pérdida de competitividad.

¿Pero está China incólume? Hay factores que pesan sobre su capacidad de seguir creciendo independientemente de lo que suceda en el resto del mundo. Uno de los motores del crecimiento chino son sus exportaciones y el principal destino de sus exportaciones es Europa, seguida de Estados Unidos y Japón (ver tabla). Entonces, para mantener su ritmo de crecimiento debe reemplazar esos clientes, con otros de similar ingreso y que no tengan la demanda tan deprimida: una tarea casi irrealizable. De otra parte, en China, las presiones inflacionarias han comenzado a sentirse y el gobierno está tomando medidas para controlarlas, entre ellas, ha impuesto límites al crecimiento del crédito bancario, porque entre otras cosas, teme que se esté gestando una burbuja inmobiliaria que podría hacer tambalear a su sistema financiero. Desde el exterior China está recibiendo presiones para revaluar su moneda. Si lo hace, ayudará a contener las presiones inflacionarias dentro de su territorio, pero perjudicará a sus exportaciones. El beneficio para la economía mundial de esta decisión es dudoso porque China es también un demandante de insumos extranjeros que se verán encarecidos si el Rinmimbi se fortalece. Así las cosas, la contribución adicional al crecimiento global que debería hacer China para compensar la pérdida de impulso de las economías más desarrolladas es, en el mejor de los casos, muy reducida.

En China serán necesarios cambios estructurales profundos para que pueda equiparar su contribución a la economía mundial con el tamaño de su población y geografía. Uno de ellos, el que puede tener más influencia sobre el resto del mundo, tiene que ver con las proporciones de su ahorro interno. Si la economía china ahorrara menos y consumiera más, podría seguir creciendo a tasas elevadas con el aporte de la inversión externa que estará entonces más atraída por un mercado interno en expansión. Entonces, el impacto que tendría su evolución sería mucho más perceptible y duradero.

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