Al día con la economía

La crisis del 2008

30 Jul 2012 0 comentarios
1221308-1589529

Todas las crisis que han marcado época han sido bautizadas con algún nombre que las distingue de las demás. Algunas han recibido el apelativo de quién las produjo, por ejemplo, la desatada por Long Term Capital. A la crisis del 30 no le hizo falta más que el año en que se produjo. Sus efectos han sido tan grandes y difundidos que le bastó con un lacónico número. Aún no se ha bautizado la crisis que viven hoy los mercados financieros en el mundo. Cuando comenzaba a despuntar, todos la relacionaban con el colapso de los créditos de vivienda en los Estados Unidos, ahora, tal vez, habría que revisar esa denominación. La crisis del 2008 es más que el colapso de los créditos de vivienda en los EE UU: es el fin de una manera de hacer intermediación financiera.

Como todas las demás crisis, en sus fundamentos podemos identificar un exceso de endeudamiento, una concentración de riesgos, un laxo sistema de supervisión y cierta dosis de mala fe entre sus actores. Podrán agregarse otros ingredientes a este caso; por ejemplo, el alza en los precios de las materias primas o la pobre coordinación de políticas macroeconómicas e incluso una excesiva confianza en que el mundo se había desacoplado de la mayor economía del planeta. La lista puede ser más larga, aunque habría que acotarla, pues no caben los entusiasmos de la vieja izquierda que quiere ver en ella el fin del capitalismo. Está lejos de ser esto último aunque los métodos que serán necesarios para resolverla no cuadren con la ortodoxia de mercado. Esto será una gran lección para los organismos financieros internacionales que desde sus cubículos pretendieron imponer fórmulas asépticas a los desarreglos en naciones más pequeñas y en alguna que otra grande, entre las que sobresale el Japón, que se tomó siete años antes de encontrar una fórmula para resolver los problemas de su sistema financiero.

En los últimos 37 años se han producido en el mundo 447 episodios de crisis financieras sistémicas sin que hasta ahora se hubiera podido encontrar la forma de evitarlas y menos aun una receta para resolverlas.

La crisis del 2008 tiene divididos a los más connotados economistas de los EE UU, el país que por cierto concentra el mayor número de premios Nobel en la materia. Pero la división es todavía más significativa, pues las fuerzas están fraccionadas entre académicos y operadores. Las diferencias de opinión no se dan tanto sobre la necesidad de intervenir en el mercado, sino en la forma en que esto debe hacerse y en la manera en la que sus costos deben ser cubiertos.

El Gobierno de los EE UU y los líderes del congreso norteamericano han acordado un programa de 700 millardos para el rescate de su sistema financiero. Esta cifra representa el 6% del PIB de ése país. Podría pensarse que si con este monto se arreglan los problemas de la economía norteamericana la factura sería barata, considerando que, en promedio, el costo de resolver otras crisis sistémicas ha sido del 16% del PIB. Pero ni el monto ni las condiciones acordadas en el plan de rescate han sido suficientes para convencer al mercado y a todos los congresistas estadounidenses. Aun antes de que el Plan fuera rechazado por el Congreso, los mercados abrieron con fuertes pérdidas y una vez que se conoció el rechazo congresal, la Bolsa de Nueva York experimentó la pérdida diaria más grande de toda su historia. Por ahora solo cabe esperar nuevas iniciativas y nuevas negociaciones, tal vez a escala mundial, pues la crisis se está extendiendo sin que se pueda evitarlo. Pero con el transcurso del tiempo, el costo de un plan de recate irá en aumento para los EE UU, especialmente si se tiene en cuenta que todas sus deudas totalizan más del 350% de su PIB (ver Gráfico).

En paralelo deberán comenzar a perfilarse nuevos modelos de negocios para las entidades financieras. Su función intrínseca de intermediar el ahorro con la inversión y el consumo; acomodando riesgos, plazos y monedas, seguirá incólume. Habrá que pensar también en nuevos mecanismos de supervisión por parte de los estados y nuevas formas de servicios de apoyo a las transacciones financieras, pues el que estuvo sostenido por las calificadoras de risgo tendrá que haber terminado con esta crisis.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>